100 años de perdón

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El artículo que elegí trata de un evento muy masivo pero también muy discutido que sucede anualmente en la ciudad de Buenos Aires, capital de Argentina: la Feria del Libro. Si bien muchas ciudades del país celebran su propia feria literaria, la de Buenos Aires suele ser la mayor y la más visitada por argentinos y extranjeros. Hay largas las filas de gente que -a pesar de que el precio de la entrada es cada vez mayor- concurren una y otra vez a la feria, en muchos casos llevando a sus hijos.

Las críticas al evento suelen girar en torno a que se trata de una feria de la industria editorial, con lo que ello implica: precios altos y privilegio a las obras que mayor volumen de ventas generan. De hecho, la última vez que fui a la Feria del Libro, me sentí que recorría un conjunto de librerías comerciales, casi un shopping de libros, donde no iría a encontrar nada distinto a las grandes cadenas. Y con precios que mi bolsillo de estudiante no podía abordar ni de cerca, por más que tenía ganas de comprarme varios. Por eso, y si bien me han dicho que las charlas y disertaciones que se dan suelen ser muy buenas, mi experiencia en la Feria del Libro no fomentó ni un poco mis ganas de leer.

Por eso me llamó la atención cuando Marcelo Birmajer -escritor, guionista y autor del artículo que elegí- se refería a la Feria del Libro como un “poderoso alegato contra la piratería”. ¿En qué parte de la feria encontraba el alegato? ¿Cuál sería su concepto de piratería?

Tras leer su texto varias veces, entiendo que Birmajer defiende la importancia de la Feria del Libro como espacio de venta masiva de copias originales de los libros, cuyo valor sirve para recompensar a escritores y editores por su trabajo. Esto implica un debido reconocimiento a quienes quieren sustentarse económicamente a través de su labor artística. De hecho, critica la “extendida mitología que tiende a condenar el deseo de los escritores, de los artistas en general, a vivir del producto de su trabajo”, y allí describe a la feria del libro como “un poderoso alegato contra la piratería: los libros que nadie roba de modo analógico, al venderse, recompensan a escritores y editores”.

Aparece entonces que Birmajer entiende a la piratería como un robo casi directo a los escritores y editores. Y en cuanto los mitos mencionados por Jorge Gemetto, si se habla de piratería como un acto delictivo, se infiere que “quien compra o accede a productos pirateados es inmoral”, y que las consecuencias de este robo es una falta de respeto a los artistas que quieren vivir de su obra, que además afecta a los puestos de trabajo de la industria y a las ventas concretas.

Yo personalmente no considero que la llamada “piratería” de derechos de autor sea un robo. Pero no voy a criticar los argumentos de Birmajer en este punto, sino por su parcialidad: el tema tiene muchas aristas de las cuales sólo se menciona la del merecimiento del autor. ¿Pero qué pasa con los precios de los libros? ¿Quiénes son los que pueden acceder a esa feria y comprar los ejemplares que deseen? ¿Los que no compran libros originales y nuevos, necesariamente desean que el autor no viva de su obra? ¿Qué pasa con los miles autores que quedan afuera de la feria, no tienen derecho a vivir de su obra? ¿Quién establece la línea que separa unos de otros? Y saliendo de la perspectiva del autor, ¿cuáles son los derechos de los lectores? ¿Por qué para acceder a la cultura hay que adaptarse a los precios de la industria? Si no pueden pagar un libro que desean, ¿qué deben hacer?

Todas mis preguntas tienen relación entre sí y mi intención es ampliar un poco más la problemática para obligar a discutir sobre otras formas de concebir las ventas de ejemplares analógicos como única opción legal y moralmente correcta. Yo defiendo (con palabras y acciones) que los artistas puedan vivir de su trabajo artístico. Pero creo que no sólo hay que pensar en el autor sino también en todo el que tenga la voluntad de acceder y participar de la cultura. No creo que el modelo de las industrias culturales (que se plasma en la Feria del Libro) abarque a la suficiente diversidad de autores y de lectores/espectadores/receptores. Entran sólo los que de una forma u otra se adaptan a sus reglas, y es eso lo que a mi me parece un robo: se priva de la cultura a gran parte de la sociedad.

Por eso, en vez de condenar a la “piratería” (su masividad nos tiene que ayudar a entender que no es un delito), busquemos formas de que los artistas puedan vivir de su obra a la par de que todos los que quieran puedan acceder a ella. Internet nos tiene que ayudar, pero lo principal es que concibamos como clave la participación de la sociedad en la cultura y la retroalimentación entre ambas.

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Tomad y bebed todos de ella

Tomad y bebed todos de ella

Comparto aqui “Tres legal” una mini canción instrumental que hice, licenciada a traves de Creative Commons, que permite la copia, el uso comercial, las obras derivadas y pide reconocer la autoría y compartir con la misma licencia.

Elegí ese tipo de licencia porque es la que mas se apega a lo que pienso sobre cómo debemos compartir la cultura que creamos, sean obras pequeñas (como esta) o importantes. Hay mucho que discutir todavía, pero creo que con estas ideas de licenciamiento libre se plantea un sistema de colaboración que va a enriquecer cada vez más la cultura a niveles más profundos de la sociedad. 

Permito que se haga uso comercial porque creo que en todo caso puede ayudar a su difusión y además, no permitirlo restringiría -de antemano- una buena parte del abanico de posibilidades que se abre al lanzar una obra artística en la web. 

Permito modificaciones porque no soy quién para frenar un proceso creativo que surja a partir de “mi” obra. 

Pido que se licencie de la misma forma porque creo que hay que “pasar la bola” y no fomentar el uso restrictivo de la cultura, sino todo lo contrario.

Pero finalmente, y aunque no tengo pretensiones concretas con este material, aclaro que si un día quisiera sacar provecho económico a obras musicales (lo que veo con buenos ojos), eligiría una estrategia basada en la difusión más amplia posible del material. Confío en que esa elección me traería -a mediano o largo plazo- más beneficios económicos que pretender cobrar por cada reproducción. 

Así que arrojo al mundo mi pequeña pero querida canción!
Tomad y bebed todos de ella!

Nadie habla por primera vez

¿Cuál es la relación que hay entre crear y mezclar? ¿Toda mezcla es una creación? Tal vez no. Pero sí es posible pensar que toda creación es una mezcla de creaciones anteriores. Esto no es igual a decir que todo es plagio y que nadie crea, que no existe lo nuevo. El plagio -vale aclarar- es cuando alguien hace pasar como propia una obra ajena y eso no tiene nada de creativo. Pero si observamos las obras artísticas en su contexto, siempre se pueden encontrar referencias, partes, deformaciones y hasta pequeños granos de arena de otras creaciones.

“Nadie habla por primera vez ante el silencio abismal del universo” dijo el lingüista soviético Mijaíl Bajtín hace muchos años, y bien lo explican profesoras de la Universidad de Río Cuarto, (Córdoba, Argentina): “(…) todo hablante es ‘un contestatario’, que cuenta con la presencia de ciertos enunciados anteriores, suyos o ajenos con los cuales su enunciado establece toda suerte de relaciones (se apoya en ellos, polemiza con ellos, los reproduce o simplemente los supone conocidos por su oyente)”.

Ejemplos en la música hay de a millones. La bossa nova en Brasil, sin ir muy lejos, fue criticada en sus comienzos pero hoy goza de un lugar privilegiado en la música y la poesía cultas. Fue un género realmente inventado: no existía en sí antes de su difusión. Pero la influencia del jazz, del samba, de los ritmos africanos, del choro y de la música clásica son innegables. Y con toda canción y género musical se puede hacer este rastreo.

Pero hablar de creación como mezcla es una especie de tabú en algunos sectores de las artes, de las industrias culturales y del sentido común de las sociedades. La concepción individualista -forjada e instalada en la modernidad- del autor como “genio creativo”, que trabaja en su buhardilla esperando la inspiración tiene poco que ver con esta idea de mix.

El problema es que en tiempos de Internet es cada vez más difícil de disimular que el proceso creativo no es individual. De hecho, muchos artistas que viven insertos en su contexto temporal ya no pueden crear sin las influencias de lo digital. No siempre como recurso material en sí, sino como paradigma de visión del mundo: fragmentación, sobreinformación, simultaneidad y sobre todo: mezcla, mezcla y mezcla de contenidos, ideas, imágenes, formatos.

Ahora bien, mezclar mezcla cualquiera. Pero la creatividad aparece en el criterio usado para la selección de elementos conocidos y para la combinación de éstos en una forma nueva, sea en formas de referencias directas o en forma de granitos de arena que aportan o inspiran la obra, sumándose a la experiencia de vida y las ideas propias del autor. La creatividad individual existe y se manifiesta en el arte. Y hasta se puede afirmar que es imposible no imprimir o impregnar elementos propios, aun cuando se reproducen obras ajenas. Siempre se es -aunque sea un poquito- creativo. En otras palabras, nadie habla por primera vez, pero tampoco se repite exactamente lo que se dijo antes.

Por eso tal vez es interesante desdramatizar la presencia del remix en el proceso creativo. Siempre va a suceder una mezcla, aunque la obra esté lejos o cerca de ser un collage “declarado”. Pero también va a suceder la resignificación. Como dice Mariana Fosatti “la tarea más profunda se realiza al nivel del tráfico de significados”, y no en la complejidad material ni en la utilización más o menos directa de elementos ajenos.

 

Violencia Rivas, gritando lo que piensan sus creadores

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Violencia Rivas le canta a su padre “me enseñaste a ser sumisa y obediente, me enseñaste a ser débil y dependiente”.

 

Los sketchs de Violencia Rivas, creados por Pedro Saborido y Diego Capusotto, son mi obra favorita para ejemplificar la creatividad a través del remix, precisamente porque se trata de una parodia crítica, mi género preferido de humor.

Para quien no la conoce, Violencia Rivas es la parodia de Violeta Rivas, una cantante argentina que participaba de “El Club del Clan” (ciclo televisivo emitido durante años de dictaduras militares, que se caracterizó por cantar canciones de contenido liviano y optimista, en formatos que venían de otros países).

Violencia Rivas, el personaje, es una cantante que participaba de un “club” similar en la televisión, pero que harta del mensaje que transmitían, comenzó a hacer canciones donde denunciaba -con un tono nada optimista y sí bastante grosero- las cuestiones que le parecían mal, en el formato de las canciones de la época. A los 60 años, Violencia -alcohólica e iracunda- se autodenomina precursora del punk, cuenta su historia desde su casa y sigue gritando sus verdades sobre la sociedad.

Si bien la parodia es un género en el cual el remix es parte esencial y todos lo saben, Violencia Rivas me sirve para ejemplificar cómo la mezcla de elementos de creación ajena puede tomar una significación completamente diferente, completamente original y que según sus mismos autores, representa lo que a veces piensan. En palabras de Saborido “a través de ella decimos cosas que pensamos tanto Diego como yo en estado de putrefacción, después pensás y ves que las cosas no son tan así, y que hay ciertas reglas sociales que cumplir, pero muchas veces nos dan ganas de romper todo”. La combinación de elementos preexistentes es la base de un proceso creativo que excede dichos elementos y los resignifica. Saborido y Capusotto se benefician de ellos para expresar algo que tienen adentro, y aunque se pueda decir y opinar muchas cosas sobre Violencia, no se puede decir que no es creatividad.

 

 

La gallina y los huevos de oro ¿a quiénes benefician?

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Hace poco más de un mes tuvo lugar en Los Ángeles (EEUU) una subasta de 3.700 fotos de Marilyn Monroe, muchas de ellas inéditas. Se trataba de una parte del archivo del fotógrafo de moda y celebridades Milton H. Greene, amigo y socio de Marilyn durante un tiempo.

Aunque subastas de este estilo hay muchas, no todas ellas venden -junto con las fotografías y sus negativos- los derechos patrimoniales de autor. Este caso fue asi, las fotos venían con el derecho de “explotarlas” comercialmente: los huevos de oro venían con la gallina. La subasta alcanzó un valor total de 1.8 millones de dólares.

Este ejemplo puede servir de disparador para pensar una de las grandes preguntas en torno a los derechos de autor -sobre todo los derechos patrimoniales- como se los entiende actualmente: ¿a quiénes benefician?

De mano en mano

Milton H. Greene falleció en 1985. Según el diario online Huffington Post, el vendedor de este stock de 3.700 fotos fue un coleccionista de fotografías que las adquirió hace 10 años. Y antes fueron propiedad de un instituto financiero de Polonia, que las obtuvo en una negociación con la familia Greene. Sobre este trato realizado con la empresa polaca, Joshua Greene -hijo del fotógrafo- afirmó que fue “un mal negocio (…) un error mío del cual me arrepiento hasta hoy”.

¿Derechos… de autor?

La reflexión cae en la siguiente cuestión: una empresa financiera polaca, un coleccionista de fotografías y ahora una serie de compradores desconocidos obtuvieron, obtienen y/o obtendrán lucro -en algunos casos millonario- por los derechos de autor de las fotografías tomadas por un artista fallecido hace casi 30 años. ¿Pero dónde está el autor en esos derechos? Si aún para el hijo fue un mal negocio, siendo él lo más cercano al autor entre los actores mencionados. Aunque -dicho sea de paso- se puede discutir si merece o no recibir regalías por el trabajo de su padre.

Al autor se lo nombra, se sabe de quiénes son esas fotos y eso debe incluso aumentar su valor. Pero si los derechos patrimoniales de autor están -en teoría- para defender y proteger financieramente a los autores, ¿qué se puede decir de este ejemplo? ¿Qué tienen la empresa polaca, el coleccionista y los nuevos compradores, de autores de las fotos en cuestión? Nada.

Entonces, ¿quién se está beneficiando económica y/o culturalmente? No es el autor ni la sociedad en general. Porque si de algo no estamos hablando es de un beneficio o aporte a la cultura común del mundo. Todo lo contrario: se trata de la restricción comercial de las obras, del alimento y fomento a una industria millonaria, elitista y restrictiva.

Los beneficiados fueron la serie de compradores y la casa de subastas, cuyo mérito concreto para con las fotos se limita a tener el dinero para comprarlas.

¿Y cual es el supuesto de autor que subyace? Porque si bien los derechos morales son respetados, en los derechos patrimoniales el autor termina siendo un elemento de encarecimiento del producto a vender. A fin de cuentas, una variable economica.

¿No ameritan los ejemplos como este un cuestionamiento serio y de raíz a los derechos de autor como se conciben actualmente, como los defienden las industrias culturales y como se encuentran instalados en el sentido común? ¿A quién protege la ley? ¿Qué es lo que busca? ¿Fomentar autores… o repartirse los huevos de oro y la gallina entre pocos?

Bibliografia consultada

– COLABORADORES DE WIKIPEDIA, Marilyn Monroe [en línea]. Wikipedia, La enciclopedia libre, 2013 [fecha de consulta: 10 de septiembre del 2013]. Disponible en http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Marilyn_Monroe&oldid=69389282

– COLABORADORES DE WIKIPEDIA. Milton H. Greene [en línea]. Wikipedia, La enciclopedia libre, 2013 [fecha de consulta: 10 de septiembre del 2013]. Disponible en <http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Milton_H._Greene&oldid=66146577>.

– HEIDEL, Evelyn, Que es un autor: la (de)construccion historica del concepto de autoria. Artica (Online) 2013, disponible en: http://www.articaonline.com/2013/09/que-es-un-autor-la-deconstruccion-historica-del-concepto-de-autoria-encirc13/

– Hoy subastan 3.700 fotografias ineditas de Marilyn Monroe, Diario Clarin (Online), 27 de julio de 2013. Disponible en: http://www.clarin.com/sociedad/Hoy-subastan-fotografias-Marilyn-Monroe_0_963503784.html

– ILNYTZKY, Ula; Milton H. Greene Images Of Marilyn Monroe Up For Auction, With Copyright, Huffington Post (Online), 11 de julio de 2013. Disponible en: http://www.huffingtonpost.com/2013/07/11/milton-h-greene-marilyn-monroe-images-auction_n_3581474.html